Historia del café

Historia del café

Esta ancestral infusión ha formado parte del ser humano durante siglos. El origen de la historia del café se localiza en Etiopía, África. Es tan antigua, que no existen documentos escritos sobre cuándo se comenzó a tomar. Eso se debe a que en aquella época, la escritura no había llegado a esas regiones.

Todo lo que tenemos son algunas leyendas tribales que han perdurado durante años, como sabiduría popular. La más famosa dice así:

Se cuenta que los miembros de las tribus observaron cómo las cabras presentaban un comportamiento más energético de lo normal, tras comer cierto tipo de bayas. Algunos de ellos decidieron probarla y comprobaron esos beneficios, siendo las primeras personas en consumir café en toda la historia de la humanidad.

Esta leyenda procede de la tribu de Kaldi, localizada en las tierras altas de Etiopía.

Referencia obtenida de la Asociación Nacional del Café de USA.

Existen otras leyendas de distintos pueblos etíopes. Pero al no existir evidencias escritas, ni pruebas geológicas, es difícil darles credibilidad. Lo que sí refleja, es que el café ha estado presente con estos humanos desde tiempos inmemoriales. Lo que sí sabemos, es que su origen, tanto como planta como por el consumo de los humanos, está localizado en África. Y por lo que vemos, ya por sus inicios, esas personas intuían algunos de los beneficios de esta infusión.


 

Expansión por el mundo

Mapa mundi de 1630

Aunque no se tienen documentos fidedignos sobre cuándo se comenzó a consumir, lo que sí sabemos es que no fue hasta el siglo XV, cuando aparecieron las primeras evidencias sólidas sobre su consumo. Si lo piensas, la escritura no apareció hasta el siglo IV a.c, y durante esos más de 2.000 años no se registro ninguna evidencia del consumo del café.

Inicio de la expansión por Yemen

Fue por allá en el siglo XV, gracias a los registros de la comercialización del café entre Etiopía y  los monasterios Sufistas de Yemen. Y cuya expansión se aceleró en el siglo XVI. Fue entonces cuando llegó al resto de la población, y a todo el mundo Islámico.

Llegando a Europa y Asia

El siguiente salto fue a hacia Europa, principios del Siglo XVII. La historia del café en el viejo continente comienza en 1575, por un botánico Alemán llamado Leonhard Rauwolf, quién lo mencionó en una de sus exploraciones a África. Gracias a él, y a otros exploradores europeos, se comenzó a generar interés. Pocos años más tardes, al inicio del siglo XVII, se encuentran los primeros registros de comercio de café entre la república de Venecia y el norte de África.

Se creía una bebida de Satanás. Por ello, tuvo que intervenir el papa Clemente VIII para asegurar que era una infusión apta para cualquier creyente.

Fuente: Asociación Nacional del Café de USA.

En el mismo siglo, su consumo alcanza al gran continente asiático por vía de la India. Existían regiones de este país que comercializaban con Yemen, y fue así que se introdujo allá. Y poco seguido llegó a Japón y China.

El café arriba a América

Al nuevo mundo llegó por Nueva York, que por aquellos años se llamaba Nueva Amsterdam, a mediados de 1600. Pero no fue hasta 1773 que se convirtió en la infusión por excelencia. El motivo, los altos impuestos que cargaba el rey Jorge sobre los productos más demandados, entre los que se encontraba el te.

Si este crecimiento parece impresionante, no es comparable con el experimentado durante el siglo XX. Fue entonces cuando el café pasó a ser la infusión más consumida en toda la tierra. Ese es uno de los momentos clave de la historia del café. Gracias por la globalización de las culturas de los países más influyentes, y especialmente por la mejora en el transporte mundial.


 

¿Cómo se consumía?

Instrumentos antiguos de preparación de café de un mercado egipcio

El modo de preparación más común en la actualidad, consiste en mezclar los granos molidos con agua caliente. Sin embargo, a lo largo de la historia del café, se han utilizado muchos otros métodos. Algunos de ellos, se consideran auténticas reliquias del pasado hoy en día.

Consumido como bayas silvestres e infusiones de hojas

Se inició el consumo de café en las regiones africanas de Etiopía. En aquellas regiones las tribus que habitaban esas tierras, comenzaron a tomarlas como bayas silvestres. El fruto se ingería entero o bien se trituraba.

Como es normal en la propia naturaleza creativa del ser humano, se comenzaron a idear nuevas formas de preparación. Una de las más curiosas, fue el uso de lashojas del cafeto para preparar infusiones. Para que te hagas una idea, sería algo parecido a preparar un té de café.

Infusión del grano de café tostado

Tenemos que avanzar en la historia del café hasta los inicios del siglo XVII, para encontrar un avance significativo en la sofisticación de su preparación. En este momento es cuando nos acercamos al modo de preparación que tenemos hoy en día.

Por aquella época no existía la tecnología actual, que facilita tanto todo el proceso. Así que el primer reto era tostar adecuadamente el grano. Aunque parece fácil, resulta ser una labor muy complicada, ya que se necesitaban de verdaderos maestros para dejar el grano en su punto. Una vez se habían tostado, había que molerlo, el problema es que generalmente se obtenía una molienda muy poco homogénea. Luego se mezclaba con agua caliente y se filtraba, dejando unainfusión muy aguada y poco densa. Así que, un café en la Europa de 1700 podría resultar… un tanto decepcionante.

Cafés preparados con cafeteras

No fue hasta el siglo XIX, junto con la revolución industrial, cuando se empezó a mejorar y optimizar el proceso de preparación. Fue por aquella época cuando surgieron las primeras cafeteras. Por eso se considera que ese fue el momento de la historia del café, en el que se comenzó a gestar el modo actual de consumo.

En la actualidad, el proceso de preparación ha variado más bien poco. Sin embargo, ha surgido una importante evolución de las tecnologías utilizadas, en su cultivo, y en los aparatos que se utilizan para hacer la infusión. Debido a ello, y las influencias culturales de las regiones en las que se toma, que han aparecido una amplísima variedad de preparados, que van desde el sencillo expresso, hasta el elaborado café irlandés.

Curiosidades en la historia del café

Curiosidades de la historia del café

Alrededor del siglo XV, momento en el que se inició su expansión por el mundo islámico a través del Yemen, se inició un intenso debate sobre la legalidad de su consumo. El principal motivo de discusión fueron los efectos de excitación y energía que provocaban al cuerpo. El caso es que solían interpretar como intoxicación, y en la cultura islámica eso está prohibido.

Origen del nombre

Curiosamente, fueron esas cualidades durante la historia del café, que en su conjunto le dieron origen a su nombre actual. La palabra café es una derivación de Qahwa, que significa excitante, energético, vigoroso.

Época de prohibiciones

La cosa no quedó ahí, pues en el siglo XVII se consideraba, tanto al té como al café, como una droga. Se pensaba que un consumo excesivo provocaba la muerte. Sin embargo, el rey Gustavo III de Suecia decidió poner a prueba esa asunción. Ésta, básicamente consistía en seleccionar a dos presos, uno bebería cada día una taza de café y el otro una de té. Este experimento fue seguida por una comisión médica. Lo curioso del caso es que, antes murieron los miembros de la comisión y el propio rey, que los reos. Por último, tras muchos años de seguir con su dosis diarias, el primer preso en morir fue el que tomaba té.

Aún y con esta prueba, existían zonas donde las autoridades no lo toleraban. Es el caso de Alemania, y especialmente de Rusia. En aquel país estaba perseguido con castigos físicos, que en muchos casos llegaron hasta la mutilación. Es más, a las personas que sufrían crisis nerviosa, solía indicarse que la causa era el café. No fue hasta mediados del siglo XIX, que esta rigidez fue disminuyendo.

Eliminando prejuicios del pasado

En la actualidad, multitud de estudios científicos están descubriendo que el café otorga multitud de beneficios para el cuerpo humano. Muchos de ellos confirman aquellos beneficios que se intuían o que se sabían por la sabiduría popular. Mientras otros desmienten tanto beneficios como peligros, que se generaron por prejuicios arraigados en las tradiciones. De modo que estos descubrimientos son toda una grata sorpresa para los enamorados de esta bebida.

Fuente: El mundo del café


La hora exacta a la que debes dejar de tomar café (para dormir bien)

La hora exacta a la que debes dejar de tomar café (para dormir bien)

  • La vida media de la cafeina en nuestro organismo es de casi 6 horas

Hay quienes lo aman y quienes lo odian, quienes no pueden vivir sin él y quienes aseguran que tomar una sola taza de café al día no les sienta nada bien. Demonizado durante años, la mala prensa siempre ha acompañado a esta bebida obtenida a partir de los granos tostados y molidos de los frutos de la planta del cafeto. Pero las nuevas evidencias científicas parecen estar acabando con ella.

Según la Fundación Española del Corazón, el National Institute of Health (NIH) de Estados Unidos ha publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine un estudio que asegura que el consumo de café no sólo no resulta perjudicial para la salud de nuestro corazón sino que puede protegernos de enfermedades cardiovasculares, respiratorias e infecciosas.

 

“La cafeína aumenta ligeramente la frecuencia cardiaca y, en ocasiones, puede elevar la presión arterial de modo poco significativo. Pero aún así, no existe motivo alguno para que un hipertenso bien controlado no pueda tomar café. Cualquier sujeto que sea hipertenso o padezca alguna enfermedad cardiaca puede tomar, en principio, 3 o 4 tazas de café al día, puesto que no se ha podido evidenciar nunca su carácter nocivo en relación a la patología cardiovascular”, asegura el doctor Enrique Galve, presidente de la sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

La razón del beneficio cardiovascular de esta bebida podría deberse “a los antioxidantes que no sólo encontramos en el café sino que también están presentes en muchos otros alimentos, como las verduras o productos frescos como la fruta y también el chocolate”, apunta Galve.

El tope son 3 o 4 tazas de café al día, según la Fundación Española del Corazón

Pero el estudio realizado por el National Institute of Health (NIH) de Estados Unidos no es el único que ha derribado la creencia acerca de que el consumo del café es perjudicial para la salud. Beber tres cafés o más al día reduce la mortalidad prematura un 18% en hombres y un 8% en mujeres, asegura el mayor estudio publicado hasta la fecha: un trabajo encabezado por científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que analizó los habitos “cafeteros” de medio millón de personas a lo largo de 16 años.

 

 

Tras años de investigación “la comunidad científica parece haber alcanzado un acuerdo”, explica Guadalupe Blay, coordinadora del Grupo de Nutrición y Metabolismo de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). La experta continúa afirmando que “es bueno tomar entre dos y tres tazas de café al día, es decir, entre 200 y 300 miligramos, no más. A partir de ahí se nota el efecto de un exceso de cafeína en tu sistema cardiovascular y nervioso”.

Y es que, aunque pueda ser beneficioso para nuestro cuerpo, “la cafeína puede retrasar el sueño hasta 40 minutos más de lo normal ya que es psicoactiva, y más cuando se consume de noche”, añade Blay. Entonces, ¿a qué hora deberíamos dejar de beber café para que no interfiera en nuestro sueño?

Para poder hacer el cálculo, lo primero que hay que tener en cuenta es que la vida media de la cafeina en nuestro organismo es de casi 6 horas. Así mismo, como sucede con el alcohol, también hay que señalar que la sensibilidad y la tolerancia a la cafeína depende de cada persona: hay quienes con un solo café ya tienen problemas para conciliar el sueño y quienes con 3 son capaces de dormir perfectamente. Para hacer las cuentas también es necesario pensar en la hora en la que solemos irnos a la cama.

 

 

 

La cafeína puede retrasar el sueño hasta 40 minutos más de lo normal ya que es psicoactiva, y más cuando se consume de noche”

Según Blay, “lo recomendable es beber café a partir de las 10 de la mañana y hasta las 12 del mediodía; y de las 14 de la tarde a las 17. Hay que evitar el café después de las 5 de la tarde si se quiere ir a la cama a las 11 de la noche. Si se consume después de ese periodo, el café puede disminuir al menos una hora de sueño a quien lo consume”.


Un estudio español afirma que el consumo del café está asociado a una vida más larga

Un estudio español afirma que el consumo del café está asociado a una vida más larga

Es lo que aseguran tras estudiar durante una década a 20.000 personas.
Los beneficios de la ingesta están especialmente presentes en las personas más mayores.

Científicos del Centro de Investigación Biomédica en Red de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) han encontrado mayor longevidad asociada al consumo de café tras estudiar a 20.000 voluntarios, graduados universitarios de toda España, durante una media de diez años.

La investigación, de la que da cuenta SINC, constató que, con paridad en factores relevantes como la edad, consumir café habitualmente se asocia significativamente a una menor mortalidad. El efecto se observó tanto en el café con cafeína como con el descafeinado; tanto soluble como de máquina.

Según los datos del estudio, publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, la protección era más fuerte en personas con 55 o más años y mostraba una clara tendencia dosis respuesta en el rango de consumo de entre 1 y 6 tazas al día.

Adela Navarro, cardióloga del Sistema Navarro de Salud y autora del estudio, afirma que ya se sabía que esos supuestos riesgos de hipertensión arterial no existían a largo plazo.

“Ahora encontramos beneficios claros sobre el riesgo de mortalidad por todas las causas. Esto avala los beneficios de su consumo”.

Estefanía Toledo, profesora de la Universidad de Navarra y directora del trabajo, afirma a SINC que los resultados apuntan en la misma dirección que los de otras cohortes más recientes y que han usado métodos rigurosos para valorar el efecto del café, como el estudio EPIC o el EUREYE-Spain.

¿Más café, menor mortalidad?
Pero un aspecto novedoso de la nueva investigación es que los beneficios se mantenían incluso con consumos de 4-6 tazas de café al día y estaban especialmente presentes en las personas más mayores, donde la mortalidad está causada fundamentalmente por enfermedades crónicas. Así, cuanto mejor se controlaban las posibles explicaciones alternativas a la causalidad, más clara quedaba la asociación inversa: a más café, menor mortalidad total.

Para los expertos, los beneficios tampoco podrían explicarse por un solo componente, ya que el café

“es una mezcla compleja de sustancias y entre ellas muchas tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y parece lógico pensar que actúen en sinergia”.

“Cuando defendemos una dieta o unos hábitos saludables, parece que le estamos quitando a la gente todo lo que les gusta. Hay muchas personas a las que el café les encanta. Estos datos son sólidos y se conocen ya a ciencia cierta”

, concluye Miguel A. Martínez-González, otro de los autores.


Por qué no nos debería gustar el café

Por qué no nos debería gustar el café

  • Contra toda lógica, las personas con mayor sensibilidad al sabor amargo de la cafeína lo beben más

El café llegó a Europa desde la actual Etiopía en los primeros años del siglo XVII. Su éxito fue enorme a pesar de su particular sabor, que hizo que recibiera en Venecia el inquietante nombre de «la invención amarga de Satanás». Después el Papa lo probó y le dio su bendición, lo que abrió la puerta definitivamente a la popularización de su consumo. Pero, ¿por qué nos gusta tanto una bebida que en principio debería resultarnos repulsiva? Reconocer la amargura es un sistema de alerta natural para proteger el cuerpo de sustancias nocivas, así que, por lógica evolutiva, deberíamos querer escupirla.

Pues resulta que, cuanto más sensible es alguien al sabor amargo de la cafeína, más café toma, según concluye un nuevo estudio de la Universidad del Noroeste (EE.UU.) y el instituto de investigación médica QIMR en Australia. La sensibilidad es causada por una variante genética.

Para el estudio, publicado en «Scientific Reports», los científicos aplicaron la aleatorización mendeliana, una técnica comúnmente utilizada en la epidemiología de la enfermedad, para probar la relación causal entre el sabor amargo y el consumo de bebidas en más de 400.000 hombres y mujeres en el Reino Unido. Las variantes genéticas relacionadas con la percepción de la cafeína, la quinina y el PROP (propiltiouracilo), un sabor sintético relacionado con los compuestos en las verduras crucíferas, se identificaron previamente a través del análisis del genoma de gemelos australianos. Estas variantes genéticas fueron luego analizadas para detectar asociaciones con el consumo de café, el té y el alcohol.

La estimulación de la cafeína

«Sería de esperar que las personas que son particularmente sensibles al sabor amargo de la cafeína tomen menos café»,

apunta Marilyn Cornelis, profesora de la Escuela de Medicina Feinberg en la Universidad del Noroeste.

«Los resultados opuestos de nuestro estudio sugieren que los consumidores de café adquieren el gusto o la capacidad de detectar la cafeína debido al refuerzo positivo aprendido (es decir, la estimulación) provocado por la cafeína».

En otras palabras, las personas que tienen una mayor capacidad para saborear la amargura del café, y en particular el distinto sabor amargo de la cafeína, aprenden a asociar «cosas buenas con él», explica Cornelis. Curiosamente, las personas que eran más sensibles a la cafeína y acostumbraban a beber mucho café consumían cantidades bajas de té. Pero eso podría ser simplemente por una cuestión de hábitos.

El estudio también encontró que las personas sensibles a los sabores amargos de la quinina y del PROP evitaban el café. Además, una mayor sensibilidad a la amargura del PROP dio como resultado un menor consumo de alcohol, especialmente de vino tinto.

«Los hallazgos sugieren que nuestra percepción de sabores amargos, informada por nuestra genética, contribuye a la preferencia por el café, el té o el alcohol»,

apunta la autora.

«El sabor ha sido estudiado durante mucho tiempo, pero no conocemos su mecánica completa», dice Cornelis. « El gusto es uno de los sentidos. Queremos entenderlo desde un punto de vista biológico».